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Fernando Arrabal

 

 
Fernando Arrabal nació en Melilla (Marruecos) en 1932, de padre republicano y madre franquista. Su padre era oficial del ejército español. Desde 1954 reside en París. Algunos títulos de sus dramas: "El cementerio de automóviles", "La comunión solemne", "El arquitecto y el Emperador de Asiria"... Sus películas: Viva la muerte", en la que describe su infancia, atormentada por la desaparición de su padre durante la guerra civil española y la dictadura franquista. Además es poeta y pintor, como lo muestra el voluminoso libro de arte, "Arrabal espace", editado en francés en 1993 por Ante Glibota, y que presenta su obra literaria, dramatúrgica, cinematográfica y artística. Recibió el Premio Nacional de Teatro 2001 y el Premio Nacional de Literatura Dramática 2003 de España.

 

“FERNANDO ARRABAL: SIN MEMORIA NO EXISTIMOS” (ENTREVISTA) POR THIERRY VILA Imprimir

Traducción del francés al español por Agapito Perales



Se podría haberlo sorprendido en flagrante delito: ¡falta de clarividencia! Hace algunos años, usted decía, en efecto: “Harán como con Picasso. Me recuperarán cuando esté muerto”. Ahora bien, acaba de recibir el premio literario más importante de España por una de sus recientes obras, “Claudel y Kafka” (que será publicada próximamente en francés por la Editorial Actes Sud)…

F.A.: Estos últimos años, se podía tener la impresión que Picasso era célebre, pero no era conocido. No me voy a comparar con Picasso. No obstante, si soy un poco célebre, permanezco completamente desconocido. Hasta el extremo de que se me aborda en la calle para decirme: “Le conozco, hábleme de su último disco”.

¿Eso realmente le ha sucedido?

Eso me ha sucedido en España. Aquí, la gente es más tímida. Pero estamos hablando de una lotería. Esta lotería, la de la gloria, la “glorieta” en español, es como un paseo en una feria, que se llamaba antaño el éxito de la risa. En septiembre, se habla del Nóbel a gentes como yo, después en noviembre, del premio Cervantes en España. Todo eso forma parte de la lotería. La historia nos muestra que se pueden tener premios, como Platón que los merecía o recibir el desprecio como Diógenes que no lo merecía. Pienso en mi amigo Topor. No había talento más grande que el suyo y sin embargo era un desconocido y no era célebre, era una injusticia completa, lo absurdo del mundo.

¿Le parece que su teatro está presente en los escenarios franceses?

Con una presencia casi clandestina. Uno de mis textos, que no es el peor, “Lully” (1993) fue escenificado en Auxerre, de una manera deslumbrante, luego ha brillado y hecho algunas apariciones en el extranjero con un éxito triunfal en Israel, en el Festival de Jerusalén en 2001. La obra continúa representándose en pequeños escenarios regionales. El Teatro de l’Alphabet de Niza presenta una obra mía cada año. Este año fue “Claudel y Kafka”.

¿Y sus relaciones con España?

No tengo raíces, pero tengo piernas. Me encuentro bien aquí, en Francia, desde hace cincuenta años. Desde hace cincuenta años, estoy al punto de regresar a España, como lo estaré dentro de diez años, veinte o treinta años, si Dios me guarda vivo. Estoy de paso.

¿Algo se ha apaciguado de ese aborrecimiento que era el suyo?

Franco no tenía nada que ver con España. Representa lo que los patafísicos llaman un epifenómeno. Los epifenómenos nos muestran las excepciones, las singularidades y esto gracias a esas excepciones y esas singularidades que podemos hablar de nuestra estancia en la vida. Aquí, he estado rodeado de gente muy importante para mí: Ionesco, Dalí, Cioran, matemáticos tales como René Thom y Benoit Mandelbrot que están aún vivos. O por supuesto, Beckett. El premio más importante, a mis ojos, es probablemente la publicación por la universidad de Maryland de la correspondencia de Beckett. La parte más importante de esta correspondencia me ha sido dirigida. El único texto no literario público que se conozca de él es el testimonio dirigido al tribunal que me juzgaba en España.

El Teatro de Rond Point ha prgramado su “Carta de amor”. ¿Se dice que lo escribió en una noche?

Daba una conferencia en la Universidad de Tel Aviv, en el curso de la cual, una actriz , Orna Porat, leyó algunos de mis poemas. Vino a verme y me dijo: “Soy la actriz más conocida de Israel y sin embargo nadie escribe para mí. ya que soy muy vieja”. Tenía en esa época 75 años y le respondí: “Esta tarde, escribo una obra para usted”.
Orna Poral es una mujer magnífica, una alemana protestante que ha escogido Israel en 1945 y se ha casado con un israelita. Cada tarde, el público le tiraba rosas. La obra fue representada en el mundo entero y también en Aviñon, donde fue escenificada por el Teatro Nacional de Rumania.
En realidad, esta pieza, la escribí para mi madre. Pero todo lo que Orna Porat me contaba entonces de su propia vida, me ha emocionado. Fue para mi un contacto extraordinario: ella era bella, es bella…
Era maravilloso. Evocaba el cataclismo de su vida, manipuleada por los monstruos. Esa noche, no obstante, me alejé de lo que ella me contó y sólo hablé de mi madre. Me imaginé escribir esta carta a mi madre. Quería que ella la leyera. En realidad, hablo sobre todo de la madrastra historia.

¿Escribir esta carta le ha calmado?

Eso me ha calmado… ligeramente. Una parte de la catástrofe no ha acabado. Podría ser apaciguado, si viera surgir a mi padre. A condición de que yo sepa todo de su muerte. Imagino que mi madre ha sido muy feliz de esta carta. Ella ha conocido la obra y su éxito. Estaba muy contenta, muy orgullosa.

Usted ha dicho que se aprende más estando fascinado que siendo inteligente. Se pone el intelecto de lado y se hace funcionar otra cosa.

Cuando decía eso, estaba sumergido en el grupo surrealista y era una inmersión del mismo orden que la que había tenido durante algunos meses en la Compañía de Jesús. En esa época, quería entrar en lo de los Jesuitas y estaba deslumbrado. Felizmente o desgraciadamente, Dios lo dirá un día, el provincial de la Orden de la provincia de Tarragon, me hizo la pregunta de Wittgenstein, la de la certeza.
Cuando yo esperaba preguntas a las cuales hubiera podido responder, me ha preguntado definir mi vocación. Pero ¿cómo definir una vocación? Durante toda mi vida, estuve enamorado de las matemáticas y del ajedrez, puedo decir cuál fue la jugada que hizo perder a Kasparov, y el por qué de la cosa. Sabía que tenía una gran vocación, capaz de remover montañas, pero no podía definirla. Me he encontrado a lo largo de mi vida confrontado a esta situación. Estaba fascinado por la inteligencia.
Cuando llegué a los 10 años a Ciudad Rodrigo viniendo del Africa, era el hijo de un condenado a muerte, un rojo. Y para los religiosos que me recibieron, eso quería decir el hijo de un hombre que violaba a las monjas y quemaba las iglesias con gente adentro. Sin embargo, de súbito —son los misterios de la vida— esos hombres me formarán para que, según sus criterios, sea uno de los chicos más inteligentes del país. a partir de ese momento, respeté a la inteligencia, pero me pareció siempre que sólo era un epifenómeno de la memoria.

Todo pasa por la memoria…

Sí… Lo que yo utilizo no puede venir de otra parte. Cada veintitres años me hago operar del pulmón. He sufrido tanto en la última intervención que le dije al cirujano de hacer que ya no conozca más este sufrimiento… Prefería morir. Me dijo: “No se preocupe”. Me dio ketamina. Hice entonces un viaje extraordinario al país de mis recuerdos, pero a una gran velocidad… estaba ahí el mismo Kundera. Iba tan rápido que no pude hablarle.

¿Ha anotado esos sueños?

Sí. Se ha convertido en Ketamina, un libro para bibliófilos como hice tantos…


Primera página de la entrevista en la revista

En sus textos recientes, hay un retorno a lo lineal. Por ejemplo en “La travesía del imperio”. ¿Hay una visión del futuro, un fin?
Hay un fin, pero eso se muerde siempre un poco la cola. Me gusta la circularidad. Casi siempre, mis obras tienen un final feliz, una subida al cielo.

En su entrevista con Alain Schiffres, ha usado una bonita fórmula para hablar de su trabajo. Se ha calificado como “informador inesperado”. Eso respondía a un proverbio hasídico que dice: “Si quieres buscar la chispa, pon las manos en la ceniza”.

¿Dije eso? Es una declaración pretenciosa. Más que informador, soy el que recibe informaciones sorprendentes. Y las más sorprendentes, cada vez, de la parte de la misma fuente. Por ejemplo, diría que Victor Garcia sólo ha estado más sorprendente en sus escenificaciones cuando representó “El cementerio de automóviles”. Creo que Jérôme Savary sólo ha tocado tan alto, con tan buenos resultados en lo que se refiere al recurso a la memoria, a las mezclas de recuerdos, cuando ha escenificado “El laberinto”. Ha tomado su propia memoria, ha tomado la mía. De esa mezcla ha surgido una imaginación, el arte de combinar los recuerdos; ha surgido una inteligencia, que es el arte de servirse de la memoria, así como una contemplación de la memoria, lo que hace el amor, en la auto-ternura, la contemplación nostálgica de nuestra propia debilidad…
Todo eso ha dado la cosa la más sorprendente. No hice nada. Sucede lo mismo con Jorge Lavelli cuando ha escenificado “El arquitecto y el emperador de Asiria” [en 1967]. Dudo que nunca haya hecho algo tan fuerte. Con Dalí, cuando era banal con él y él era banal conmigo, había casi un conflicto, pero cuando aceptaba sumergirse en su memoria y yo en la mía, en ese momento creo que hicimos cosas extraordinarias. Me parece que Kundera, y quizá también Houellebecq… pero no sé si él puede ser un informador…
Las personas que me rodean, son los informadores. La información viene a mí, por sorpresa: la sorpresa nos viene siempre del porvenir. Sólo son lances imprevistos. En la medida en que se sorprende, usted es Dios. Por consiguiente hace un esfuerzo para sorprender, está construyendo el porvenir, que sólo puede ser hecho a través suyo, y usted mismo sólo es memoria. Sin memoria, no se existe.
La contemplación de nuestra propia memoria nos da una nostalgia, ya que al contemplarla, vemos al mismo tiempo su carácter efímero. Si en ese momento, se llega a un punto de inflamación, eso provoca el amor, y es el verdadero amor, la verdadera auto-ternura.
En estos últimos cinco siglos, el hombre más inteligente era probablemente Newton, pero también el más tacaño. Economizaba en todo, hasta en su sudor y en su esperma. Un día la Reina de Inglaterra le dio una fortuna. Por encima de su avaricia legendaria, gastará de un solo golpe para montar una expedición en los Alpes para buscar dragones. Le pregunto a Topor: “¿Cuáles son nuestros dragones? ¿En qué creemos? ¿Quién hará reír a las generaciones venideras?” Y Topor me responde: “Pero está claro, es el amor, es una invención de la policía.” Ahí donde nació mi padre, en Córdoba, nació también Góngora —el maestro del “gongorismo”, burlado por el clasicismo francés. En el mismo lugar. Góngora hablar del amor según el modo escatológico. Y según el modo de la broma soez. Es la misma palabra en español (1). En esa misma ciudad, han nacido con algunos años de intervalo Maimónides y Averroes. Maimónides dice: “Es grande tener la fe, es muy grande tener esperanza, pero no poseemos nada si no tenemos la caridad”. Y “caridad” quiere decir “amor”.

¿Agape, el amor compartido?
Agape. Sin el amor nada sirve para nada. Nosotros también, hemos dicho eso y somos, después de esos grandes hombres, Sócrates Maimónides, Averroes, Góngora en ese pilar del mundo que se ha deseado diferente. El mismo Dada no decía otra cosa: La moral no existe. En amor y en arte, todo es posible…

¿Qué queda del hombre “pánico”?
Nada. No hemos propuesto jamás otra cosa que un arte de vivir. “Pánico”: confusión y azar.
Abandonamos a los surrealistas “como quien no quiere la cosa”; tanto como eso que el primer texto “pánico”, “Pierre de la folie”fue publicado en la revista de Breton, La Brecha. Breton lo leyó en público. Pero nos fuimos a causa del carácter vaticanista o bolchevique de Breton: todo eso nos asfixiaba. Hemos creado suavemente “Pánico”.
Decíamos: si usted condena la moral, hace triunfar la moral. Nosotros estamos por una moral plural. El hombre es confusión. La historia sólo es sorpresa, es decir azar. Confusión y azar. El “pánico” es un arte de vivir entre esos dos límites de los cuales no se puede salir.

Ha evocado el final más bien feliz de sus obras, la subida al cielo. ¿Cuál es ahora, a setenta años, su visión interior del futuro?
Es circular, por supuesto. Todo vuelve a empezar siempre. Me parece que aprendo todo el tiempo y en todas partes. Nuestra civilización produce pocos mitos. Sólo hemos creado dos de ellos. Hubo el de don Juan, el “Burlador” de Sevilla, creado por el curita español, Tirso de Molina, probablemente con la esperanza de fornicar a todas las mujeres de la tierra. Hubo enseguida el Fausto de Goethe. Creo que he conseguido suscitar otro mito. A lo largo de mi existencia literaria, este mito estuvo siempre detrás de la puerta: se trata del deseo de bondad. Ese deseo de bondad no se puede expresar en francés puesto que la palabra es fea.
Hubo una conversación entre Goethe y Beethoven en los jardines de Weimar, durante la cual Beethoven dijo lo siguiente: “Delante del general Genio yo hago mi saludo militar, y delante del mariscal Bondad me pongo de rodillas”. Los cataclismos de la historia, esos veintiún siglos de horror, habrá quizá necesidad que eso se detenga.
El doctor Fausto debería transformarse en una doctora, bella como Alicia, y supertodada como la mamá de Stalin, una mujer como diría Houellebecq que hace felaciones con frambuesas, es decir una mujer satisfecha en todos los sentidos. Esta doctora Fausto, que lucha en las fuerzas de la virtualidad y de la realidad, se dirige a Dios para pedir la bondad. Pensé en Robespierre, ese hombre extraordinario, que añade a los dos pilares de la Revolución Francesa —Libertad, Igualdad— un tercer pilar: la bondad. Sin ella no funcionará. Se tiene necesidad de Dios. No se le puede llamar Dios, escupimos a Dios. Se necesita de un Dios femenino y será la Fraternidad. La huella de Pánico está en todo eso. Creo que estamos viviendo un gran momento de renacimiento. Es un rechazo definitivo del pensamiento de Niezsche, de Marx y Freud.
Conocí muy bien a Benny Levy. Este hombre, del cual se sabe su pasado revolucionario dispuesto a armarse, había encontrado la bondad. Le dije en Jerusalén, un tiempo antes de su muerte súbita. Tenía un rostro radiante y bello. Le dije: “Creo que ha encontrado la bondad”. Me preguntó cómo sabía eso. Le respondí: “Usted sonríe todo el tiempo”.
Vivimos este renacimiento. Lo veo en la biología molecular, la sofística, la mecánica cuántica. Se ha cesado de interesarse a la sola relatividad. Sí, ahora se puede hablar de indeterminación definitiva.


(1) NDT: En francés existen las palabras “eschatologie”: estudio de la finalidad última del hombre y del mundo, y “scatologie”: se dice de escritos o de palabras soezas que tratan de excrementos.


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Luce Moreau ha escrito:

"Quiero agradecer a Arrabal el haberme permitido vivir ¡desde hace tanto tiempo! lejos de toda mediocridad. En efecto , la originalidad de su pensamiento y de su obra, tan fecunda y tan diversa, es obvia. Pero quisiera insistir en la originalidad de su conducta. Doy las gracias a Fernando, (cuyo nombre significa hombre libre), por no haber solicitado nunca los favores de los poderosos, y muy especialmente por permanecer siempre en guardia frente a ellos. Para denunciar toda clase de abusos no actuó , como diría Montaigne, "arriesgando tan sólo una nalga" ; en cuanto a los dictadores siempre les recordó , y cuando más peligroso era hacerlo ,que por muy altos que estuvieran instalados, sólo estaban sentados "sobre sus culos" . Gracias sobre todo por no haber soñado en detrimento de los demás con pretendidos porvenires radiantes, y por no parapetarse tras sus posiciones morales públicas para permitirse toda licencia en su vida privada . Si "nuestra mayor y gloriosa obra maestra es la de vivir como conviene", si es "portarse como un hombre de bien como y cuando se debe", Fernando Arrabal lo ha conseguido plenamente.

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"El universo de Arrabal es un mundo fantástico y loco que este mundo se transforma en relato de una forma que a nada se parece ... Así consta una vez mas: Arrabal no se asemeja a nadie y el grado de su desemejanza alcanza el límite de lo concebible .

Sólo se asemeja a sí mismo ..." . Corona para Arrabal ,

Milan KUNDERA

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"Fernando Arrabal posee el incalculable tesoro de tener voz propia".

Camilo José CELA

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"El conocimiento que aporta Arrabal está teñido de una luz moral que está en la materia misma de su arte"

Vicente ALEIXANDRE

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"¿Cómo se llama la estrella bajo la que usted camina, Arrabal?... Su estrella lleva el nombre de Cervantes ...Con la luminosa claridad de la sinrazón , expresa usted la misma revelación". Homenaje a Arrabal.

Milan KUNDERA

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"Alabo el excepcional valor humano y artístico de Fernando Arrabal"

Carta al tribunal español que juzgó a Arrabal en 1966

Samuel BECKETT

 

  • CARTA DE S. BECKETT A LA JUSTICIA MADRILEÑA
  • Por qué me gusta Arrabal (Eugène IONESCO)
  • Un hombre que juega (Milan KUNDERA)
  • Si no existiese Arrabal... habría que inventarlo (Juan GOYTISOLO)
  • La hermosa consecuencia (Camilo José CELA)

 

 

CARTA DE S. BECKETT A LA JUSTICIA MADRILEÑA AGOSTO DE 1967

Ante la imposibilidad en que me encuentro de poder testimoniar en el proceso de Fernando Arrabal, escribo esta carta esperando que llegue a conocimiento de la Corte y haga que ésta sirva para dar a conocer el excepcional valor humano y artístico de aquel a quien se va a juzgar.

Van a juzgar a un escritor español que, en el breve espacio de diez años, se ha elevado al primer rango de los dramaturgos de hoy, y esto gracias a la fuerza de un talento profundamente español. En todos los sitios donde se representan sus obres, y esto ocurre en todos lados, España está allí.

Es, gracias a este pasado tan admirable, que invito a la Corte a reflexionar, antes de que emitan un juicio. Y además hay otra cuestión . Arrabal es joven, es frágil, tanto en su especto físico como psíquico. Tendrá que sufrir mucho aún para volver a darnos la obre que tiene todavía que ofrecernos.

Infligirle la pena demandada por la acusación no es solamente castigar a un hombre, sino poner en peligro toda una obra que aún está por nacer.

Hace falta que ésta sea vista no sólo a la luz del gran mérito de ayer y de la gran promesa del mañana, sino también por el perdón, sólo así se devolverá a Fernando Arrabal la pena que le es propia.

Samuel BECKETT (Traducción de J.A.J.)

CARTA DE BECKETT A LOS JUECES DE ESPANA EN DEFENSA DE ARRABAL, EN EL ANO 67

(texto repasado en el libro: GLIBOTA Ante, Arrabal Espace, París P.A.C., 1993)

 

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Por qué me gusta Arrabal

"Siento un gran afecto por Arrabal, y si hubiera sido

preciso firmar otras cartas no habría dudado. Espero

poder decir alguna vez por qué me gusta Arrabal, por qué

me encanta su estilo, por qué amo su espíritu barroco, por qué

amo su cultura tan extensa, su barroquismo y su persona misma."

Eran los años de la dictadura del General Franco. Arrabal tuvo la ocurrencia de ir a España, su país de origen, y así lo hizo. Firmó dedicatorias en sus libros. Una de ellas fue injuriosa para con el General Franco, o juzgada como tal. No se sabe quién presentó el libro de Arrabal al General Franco. Lo cierto es que éste le mandó encarcelar. Fue desde la cárcel, creo, desde donde Arrabal me escribió. A mi esposa se le ocurrió preparar una petición firmada por escritores importantes con miras a la liberación de Arrabal.

Como es lógico, desechamos la idea de presentar ese documento a Sartre o a otros escritores de izquierda. Entonces, mi esposa recurrió a Anouilh, a François Mauriac (porque era católico) y a algunos otros. Solicitamos incluso la colaboración de Gabriel Marcel, el cual hizo la precisión verbal siguiente : firmo porque Arrabal está en la cárcel, pero como no me gusta su teatro "firmaré tan sólo con una mano". Con una mano o con dos, Gabriel Marcel firmó. Los demás lo habían hecho gustosos. Enviamos la carta a España. Y fue gracias a esta carta, firmada por hombres considerados de derecha, como Arrabal pudo ser puesto en libertad.

Aparte de esto, tiento un gran afecto por Arrabal, y si hubiera sido preciso firmar otras cartas a izquierda, a derecha o en el centro, etcétera... no habría dudado en firmarlas de nuevo. Pero, por fortuna, el caso no se presentaría de nuevo.

Espero poder decir alguna vez por qué me gusta Arrabal, por qué me encanta su estilo, por qué amo su espíritu barroco, por qué amo su cultura tan extensa, su barroquismo y su persona misma.

Eugène IONESCO

 

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Un hombre que juega

"ARRABAL no es un contestario, un predicador militante de la moral; es un hombre

que juega. El arte, tal y como él lo concibe, es un juego, y el mundo en cuanto él lo

toca se torna juego. Pero este siglo es un terreno prohibido para los juegos,

una trampa puesta a los jugadores."

HEMOS visto jugadores para quienes nada resulta serio. Y hemos visto hombres que desafían a los tribunales y la cárcel. Pero rara vez hemos visto jugadores que no se tomen nada en serio y que desafíen a los tribunales y la cárcel. Incluso si desafía a Franco y a Castro, Arrabal no es un contestatario, un predicador militante de la moral : es un hombre que juega. El arte, tal y como él lo concibe, es un juego, y el mundo en cuanto él lo toca se torna juego. Pero este siglo es un terreno prohibido para los juegos, una trampa puesta a los jugadores. "Y pusieron esposas a las flores", esta obra inspirada en las cárceles franquistas, la leí en Praga en una época en que otras cárceles eran nuestras pesadillas cotidianas. Entonces me decía : un día se olvidará el horror, pero esta obra de Arrabal, esta sucia maravilla, orquídea de imaginaciones depravadas, esta magnífica flor fétida del mal, esta obra subsistirá. Me equivoqué, desde luego. No es esta obra, homenaje sofocante a Sade, lo que subsistirá, sino las imágenes de Epinal de la nueva reescritura de la historia, las cuales, desde hoy, imponen su visión didáctica de los decenios pasados, ya que, del vientre de este siglo, serio y necio, tan sólo nacerá una seriedad aún más seria, una necedad aún más necia. "El mundo se ha convertido en algo mortalmente, absurdamente serio", dijo Gombrowicz a sus críticos y ellos lo aplaudieron convirtiéndolo ipso facto en escritor serio para morirse.

¿ Como se llama la estrella bajo la que usted camina, oh Arrabal ? ¿Marx, AntiMarx, Saharov, Mandela, Bush ? Nada le es a usted más indiferente que esta honorable mafia de la Historia. Su estrella lleva el nombre de Cervantes. Cuando lo confesó usted un día levantando solemnemente la mano hacia el firmamento, el público que le rodeaba (¿ público de los Marx o de los AntiMarx ? no importa), creyendo oír una encantadora incongruencia, rompió a reir. (Usted lo sabe bien : tan sólo se logra hacer reir en los momentos en que se es más serio.) Con la luminosa claridad de la sinrazón, expresó usted la misma revelación en "La hija de King Kong", el último de los libros suyos que hasta el momento he leído. Es una novelajuego, y cada uno de los juegos, fútbol, rugby, ajedrez, es una prisión de reglas hermosa como la forma exquisitamente ejecutada. Contrariamente al jugador de ajedrez, el artista se inventa reglas para sí mismo, siendo al mismo tiempo el arquitecto de la prisión y el prisionero. "La hija de King Kong", cincuenta capítulos, de los cuales cada uno (nunca más extenso de tres páginas) contiene : 1. Un fragmento de la historia de la protagonista; 2. su evocación de Cervantes (sin exceder nunca de un párrafo); 3. uno o dos proverbios (a la manera de los de Sancho) y 4. una frase sibilina al final. Los juegos son peligrosos : hay prosas, mecanismos de escritura tan "sofisticadamente", tan gravemente, tan sabiamente lúdicos que uno se muere con ellos asfixiado de hastío. ¿Cómo logró usted, oh Arrabal, con unas reglas tan monacalmente severas, tan regularmente aplicadas, parecer tan impúdicamente gracioso ? ¿Cómo se las arregló usted para que un personaje irreal e imposible, caído de la ruleta de las reglas y de los cálculos, me emocionara hasta el punto de leer sus aventuras tan absolutamente absurdas sin poder detenerme, de una sentada ? La educan en un internado religioso, se hace prostituta, logra degollar a sus dos chulos, huye de América : el viejo patrón de la banda la persigue, quiere asesinarla y acaba seducido : no por su cuerpo, ni por su alma, sino por su amor a Cervantes, en quien ella piensa constantemente durante todas sus aventuras. Es Cervantes, y sólo él, el dios de la novela. En el último capitulo, el patrónasesino aparece encaramado en un asno mientras que la prostituta cervantófila lleva por montura un caballo, y se alejan, uno junto a la otra, bajo el entramado de estrellas por las praderas de América. ¡Oh Cervantes, padre nuestro, bendito sea tu nombre, quédate con nosotros, pues nos hemos quedado solos y tan sólo te tenemos a ti en esta tierra. esta tierra mortalmente seria y que no nos ama.

Milan KUNDERA

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Si no existiese Arrabal... habría que inventarlo

"ARRABAL pertenece a esta magnífica estirpe de creadores jóvenes "qui n'ont ríen vu". Su lozanía e inconformismo permanecen intactos. En un panorama literarío tan triste y adocenado como el de la literatura española contemporánea, su frescura, capacidad innovadora y ejemplaridad son únicas. Si no existiese Arrabal, ¡habría que inventarlo!"

Una anécdota atribuida a Erik Satie nos dice que sus amigos, incómodos con el inconformismo e independencia espiritual de que hacía gala, solían Advertirle : "Ah, vous verrez, vous verrez quand vous aurez soixante ans", y que, al llegar a esta edad, el autor de "Parade" y de "Poémes en forme de poire", había respondido : "Eh, bien, j'ai plus de 60 ans et j'ai rien vu". Arrabal pertenece a esta magnífica estirpe de creadores jóvenes "qui n'ont rien vu". Su lozanía e inconformismo permanecen intactos.

En un panorama literario tan triste y adocenado como el de la literatura española contemporánea, su frescura, capacidad innovadora y ejemplaridad son únicas.

Si no existiese Arrabal, ¡habría que inventarlo!

Juan GOYTISOLO

 

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La hermosa consecuencia

Fernando Arrabal posee el incalculable tesoro de tener voz propia, que es la condición indispensable para poder hacerse un sitio en ese confusolimbo de los injustos que se llama el Parnaso. Fernando Arrabal es el adivinador cronista de su tiempo, de nuestro tiempo, y lo da a la historia, con ilimitada sabiduría, el último toque de alabada gracia que sirve a la literatura de remate espiritu al y artístico, también de misterioso colofón.

Siempre pensé que el alma carece de plataforma porque tampoco la necesita : el alma no tiene materia porque la excede y sobrepasa. Ahora pienso que el ojo, mágico y deformador del escritor en estado de gracia punto menos que diabólica, es el tuétano de la argamasa del espíritu y aire que produce la obra literaria, ese arte que se puede tocar con las manos del alma, gustar con los ojos del corazón y paladear con el fino oído de la sensibilidad, esa esquina durísima y a la vez tiema contra la que saca chispas el ala del ángel de la guarda.

La obra de Femando Arrabal está por encima y a un lado de la anécdota y de la representación y más allá de las tendencias y aun de los caprichos. En literatura, el acierto estriba en la meta intuida o presentida, no en el premio sino en su hermosa consecuencia, y más en lo que se baila que en lo que se busca. Nadie sabe si la órbita de las estrellas ha sido creada por Dios, como el hombre o la flor o el pájaro, o es la misma mano de Dios hecha carne o nube o suspiro.

Camilo José CELA

de la Real Academia Española

http://www.arrabal.org/curs.html

 

ARTICLES SUR ARRABAL

 

 

 

 

 

 

 

 

  • PARA JOSE RIVELA RIVELA
- POSTALES DESDE LA PROVINCIA - Jose Rivela Rivela
- de parte de José Rivela y josé luis rodríguez martínez para Arrabal , Luce y Megert con estupendo estoicismo...
- PIDO PERMISO PARA QUE VUESTRA FIRMA (ESTUPENDA) ACOMPAÑE A ESTE ESCRITO - Jose Rivela Rivela
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  • PARA RODRIGUEZ MARTINEZ:
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http://www.arrabal.org/article.html

 

Obras:
Tres poemas inéditos
POESÏA
LA OBRA DE ARRABAL