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Reinaldo Arenas

Reinaldo Arenas y Fuentes nace en Cuba en 1943, en un caserío de campo imprecisamente ubicado en la parte norte de la provincia de Oriente. Nace en el seno de una familia de campesinos pobres, en una casa atestada de tías divorciadas, con dos abuelos al frente de la familia y de las múltiples vicisitudes que la miseria impone. Su infancia transcurrió en este lugar desamparado, primitivo y remoto aunque pródigo en vivencias y supersticiones que colmaron su mente de niño de campo. Su nacimiento coincidió con el primer período de la presidencia de Fulgencio Batista (1940-1944), quien había ganado las elecciones de junio de 1940 aunque sin el voto libre del nuevo Código electoral de la Constitución de 1940, el cual entraría en vigor en octubre de ese mismo año. En su libro Motivos y Culpables, el historiador José López Vilaboy considera que, a pesar de todo, las elecciones fueron honestas.

En 1952, cuando Arenas tenía nueve años, Fulgencio Batista decide dar un golpe de estado al presidente constitucional Prío Socarras (1948-1952), quien le entrega el poder al sargento sin la menor resistencia. Se inicia así el período de la dictadura militar que contaba con el apoyo y la anuencia del gobierno de los Estados Unidos. En 1958, "por aburrimiento y fatiga", como nos dice el crítico Roberto Valero en El desamparado humor de Reinaldo Arenas (13) el joven Reinaldo decide unirse a las bandas de rebeldes castristas en las sierras de Gibara, en la provincia de Oriente. Pasa todo un año en la insurrección, bajo las órdenes del Comandante Eddy Zuñol.

Con el triunfo de la revolución castrista en 1959, Arenas obtiene una beca del nuevo gobierno en el poder y estudia la carrera de Contabilidad Agrícola, la que empieza a ejercer en una granja avícola en las mismas faldas de la Sierra Maestra. La institucionalización de la nueva dictadura tomaría menos de una década. Arenas comprende en seguida que se trata de otra dictadura militar pero aún más envilecida y feroz que la anterior. Por ello, años más tarde, exiliado en los Estados Unidos, a Arenas le gustaba afirmar que había pasado toda su vida entre dos dictaduras. Los años 60 y 70 fueron para Arenas dos décadas sumamente difíciles: a medida que su nombre y su obra se abrían paso en los círculos literarios de Occidente, las vicisitudes que el escritor padecía en Cuba eran cada vez mayores, tal vez proporcionales al éxito que su obra adquiría fuera de la isla.

Dado que vivimos en las postrimerías del siglo XX, hemos considerado superfluo debatir en este trabajo la libertad de creación que tuvieron o no los escritores cubanos que hicieron su obra dentro del torbellino revolucionario iniciado en Cuba en 1959. Nos limitaremos a repetir la famosa frase emitida por el propio Fidel Castro en su discurso a los intelectuales cubanos, el que pronunció en la Biblioteca Nacional de Cuba en 1961: "con la Revolución todo, contra la Revolución, nada" (Cabrera Infante 88). Indudablemente, los temas de la obra de Reinaldo Arenas caían dentro de la segunda parte de la máxima castrista. Y ese atrevimiento hizo que el escritor pagara un precio muy alto y personal por cada una de sus páginas. Reinaldo Arenas escapa de Cuba en 1980, a través del éxodo del Mariel. Se establece en la ciudad de Nueva York desde donde despliega una intensa labor intelectual. En 1990, en etapa final del SIDA, se suicida en su apartamento de Manhattan.

Esta podría ser, a grandes rasgos, una descripción desapasionada de la vida del escritor cubano. Podríamos convenir que el castrismo se empeñó en destruirlo por distintas vías, incluso por la vía del ostracismo, manera excelente de liquidar a un escritor lúcido. Pero hay más. Entre otras cosas, el castrismo es una de las innumerables caras de nuestra nación-pueblo. En él se aglomeran siglos de intolerancia y delirio, de crueldad y demencia, de horror y machismo. Llegados a este último término, no debemos pasar por alto la condición de homosexual confeso que portaba Reinaldo Arenas en medio de una sociedad eminentemente machista. Ser escritor en la Cuba revolucionaria es ya algo delicado pero ser un escritor homosexual y vivir orgulloso de ello es ya de manicomio. Reinaldo Arenas parecía ignorar el enjambre de leyes (escritas o disueltas en el subconsciente colectivo), preceptos, diatribas o cláusulas que conformaban no sólo la represión oficial sino la moralidad cubana más tradicional. Alguien deberá ahondar algún día en el estoicismo con que este novelista cubano asumiera su conducta sexual en medio de una sociedad y un sistema irreconciliables con esos parámetros.

Baste decir que Reinaldo Arenas no aceptó pasivamente que ni el castrismo ni la sociedad cubana actual lo despojara de sus derechos sexuales o intelectuales (sus derechos humanos) tan mansamente. Su venganza fue una obra escrita en medio de la desesperación y la locura. Estos escritos recogen el horror padecido no sólo por él sino por gran parte de su generación. Y en esa medida su triunfo ha sido rotundo.

 

Miguel Correa Mujica

 

Enlaces:

 

http://www.ociototal.com/recopila2/r_news/reinaldo_arenas.html

Obras:
Un acto de venganza
El otro Reinaldo Arenas
INTRODUCCION DEL SÍMBOLO DE LA FE
Reinaldo Arenas segundos "Antes que anochezca"
El fuero interior
Sobre el sentido de la transgresión