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| El poeta Pepe Barroeta FOTO ARCHIVO | | |
OBRA POÉTICA PARA LOS PADRES SOLARES QUE BRILLAN EN JOSÉ BARROETA
Ernesto Román Orozco
1.-Que la mesa sea servida por pájaros
Con la parcialidad que ensaya el amor se me ocurre delirar con uno de los trabajos más bellos, editado en este reciente tiempo de las letras venezolanas. Se trata de la Obra Poética 1971 - 1996 ( Ediciones el otro @ el mismo, Mérida, 2001 ) de José Barroeta ( Pampanito, Estado Trujillo, 1942 ). Presencia lírica completa, en la cual se recogen los libros: Todos han muerto ( 1971 ), Cartas a la extraña ( 1972 ), Arte de anochecer ( 1975 ), y Culpas de juglar ( 1996 ). Una suerte de sueño nostálgico que transcurre en el infinito vendaval de roces idos. En una preciosa edición merideña, dirigida de manera acertada por el ensayista y escritor venezolano, Víctor Bravo. Acto de justicia, hablar, reconocer en cada reseña, lectura escrita, ensayo el esfuerzo editorial que significa sacar a la luz un libro. ( Sólo Ludovico Silva, en su libro La Torre de los Ángeles, en un ensayo que dedica al poemario Saloma, de Alfredo Chacón, hace justa mención del nivel editorial de esa publicación ). He aquí a José Barroeta abrazado a su palabra imprecatoria, pero siempre en pos de una conducta profundamente poética, en contenido, silencios y fe.
DE AMOR
Nos hemos quedado debajo del sol
frenéticos.
Es de tu corazón de donde sale el mar,
la música de agua que nos asombra.
Hay un navío,
boca sellada sobre otra boca como un anillo.
Hay tesoros
algas extendidas
olor a cuerpos de hombres que descargan
la vida y la muerte entre los muelles.
Allá quedaba el horizonte,
justo en el punto donde la ficción boga
hasta deslumbrarnos.
Algo de seda de tu cuerpo vuela en las gaviotas
y nos amamos como el primer día
fuertes y en el cielo.
Caro y utópico, hombre esencialmente poeta, narrador de espacios bachelardianos, signados por la libertad de un interlocutor que crea seres de brisa con sedas humanas. Un mar persistente en sus íconos oxidados. Un cielo de maderos abiertos para la fertilidad de la poética presupuesta, en la cual se sienten las yemas
de los versos propicios de un recuento precioso en cada página esmaltada de exultación a su altísima expresividad, como hombre santo y creador.
2.-La imagen del río es el espíritu
Al igual que el poeta Luis Camilo Guevara, José Barroeta va descubriendo la fuerza del cielo en su palabra, y la corriente poética del río en su diario transitar, a veces, por soñarse dulcemente muerto. El investigador, crítico y poeta venezolano, Lubio Cardozo, nos dice que es en el fondo todo verdadero poeta un monje. La contemplación como conducta de su palabra se planta en el aedo. Se hace encender por conjugación que lo conduzca a opalescentes y prístinos destinos verbales. La belleza lírica explota, a luces altas y plenas de la poesía, el signo infinito, profundamente expresivo, por el cual, José Barroeta, respira y despierta al mundo con pausados gestos, con aquella delgada actitud de sombra, carne y río, como memorizando el siempre lejano discurso - normalmente marino - de los pájaros.
El poeta permite al río que se signifique en cada quiebre de su transparencia; albura para la nostalgia, para la música de agua que nos asombra. Así sigue líquido cristal en torno a su escritura; lo convertido en altura espiritual por los senos de su hermana.
MONTES DE LECHE
En los senos de mi hermana
hay bosques presentes.
En sus senos viven los conejos,
junio,
abril,
y marzo
y la
melancolía de morir.
En sus senos hay agua,
fiestas,
bautismos,
palomas torcaces
y actos de fe en desorden.
Una mentira podría morir en los senos
de mi hermana en junio
porque ellos tiene a abril y a marzo
para conjurarla
y abren tanta cosa a la vida
que son de verdad
en la melancolía de morir.
En sus senos hay agua,
fiestas,
bautismos,
palomas torcaces
y pájaros pintados sobre mi cabeza.
Hay almohadas en ellos,
ovarios y peligros de octubre
que se mueven como las hojas
y crisis de infancia destruida
en mí.
Hay bosques de alcohol de monte a monte
y una gran fiesta siempre,
actos de fe en desorden
y la melancolía de morir.
3.-Algo de seda de tu cuerpo vuela en las gaviotas
La página en blanco, el albo vacío del cuaderno, lo espera. Pepe Barroeta se pone solo, y de su puño y letra emergen nubes cargadas de vidrios espaciales. Un cielo espeso en crema de whisky se posa en su cabeza que comienza a rodar entre flores de infancia. Vuelven árboles rojos del empíreo despoblado de ánimas. La gaviota traza silencios en espacio de sedas frenéticas. Tributo a la palabra relente y triste del poeta. Se persigue en Susán, en Camilo, en Caupolicán, en el Chino, en Gustavo, en Miyó. Se hace padre de sí mismo en aletazos de los relámpagos de la otra orilla. Al fin y al cabo todo ...Era aborrecer la multitud, aborrecer todo cuanto me impedía sentarme a la sombra de mi cadáver y acusar desde allí el origen de una enfermedad, el alcohol, que desde la adolescencia se aposentó en mí en forma sagrada
( IV Carta ). La gaviota sigue surcando las copas inmaculadas del celeste. El Alto infinito de la palabra poética en José Barroeta, se ilumina en ...Esos samanes donde el día cae con Cristo ...como cuando era niño ...Esos samanes vivos /en los colores de tu padre /en los ojos / no llevan nada de tiempo /ni de espacio /están sujetos con calma a desaparecer/
Poemas de lino lácteo como dulce sudor, esa es la escritura melancólica del poeta Barroeta ocupada por el sol maternal del padre. Allá, en la distancia, sigue brillando la gaviota.
EN LA MAÑANA
A Miyó Vestrini
Hay sol.
La leche de mi padre baja del cadáver
al aire.
Una leche onírica,
en estado de coma
derriba el brillo del verano en su inicio,
dobla blancas las rosas donde se posa
el pájaro.
Hay sol.
Mis hermanos como polluelos
comienzan a abrir espacios en la
tierra tímida.
Hay sol.
Yo voy en el carro de los muertos
con flores de noviembre
y leche de mi padre en la cara
O este otro poema, donde el poeta ve transcurrir su infancia, asumiendo actitudes y aptitudes del viejo. En ese entonces, el niño José Barroeta, comienza a dibujar en sí mismo, gestos, costumbres, temores, valentías, y el hecho de descubrir - desde su padre -, el valor cognoscitivo de hacerse unidad con la naturaleza y la ruralidad cristiana de aquel hombre en quien siempre vio la claridad de ensayar el amor y la nostalgia.
TESTIMONIO
Siendo yo adolescente, mi padre taló un sendero de robles
y los echó baca abajo al río. Desde entonces he vivido imitando
los ademanes de mi padre rural. Como él, tomaba el agua de la roca
pálida y me adentraba en los yerbazales.
No temía a las iluminaciones. Era sencillo y diestro.
Hablaba poco de su padre. Ha debido quererle mucho. En noviembre
reza, le coloca flores.
Bajo su peso no obtendré ninguna dicha. Su demonio arderá
en la noche campestre y la silueta de sus ojos ha de ser borrada
en los inviernos. Sin embargo, cuanto trato de reconocerme,
voy a su encuentro. Abandono la ciudad y me tiendo sobre la tierra roja,
bajo el cielo rojo.
Junto a él, mi infancia no conoce límites. Tejió en mí muchos encantos,
mucho de lo que mi memoria ha perdido, y así le sueño delicado,
llevando trozos de hojas verdes a su boca.
4.-Hay un mesón donde bebemos y escribimos versos inútiles
Celébrase el sol de los brindis. Celébranse brillos de espejos y de vasos rebosantes de voces tristes. Celébrase nostálgica ecuación de un padre sígnico, pudiendo ser el pájaro que defiende el universo de cada poema suyo.
Obra Poética 1971 - 1996 nos permite el concierto con uno de los más importantes y preclaros poetas venezolanos e hispanoamericanos, y es que Pepe Barroeta es el poeta del predestino. Lo leemos para arriesgarnos a descifrar a ese ser alado: llámese cuervo, torcaz, ruiseñor... que recorre los cielos de su poesía.
Es el mismo pájaro que recorre toda la Obra Poética de este hombre labrado en las piedras de un castellano tristísimo.
El poeta Miguel Márquez, refiriéndose también a este poemario piensa que escribir, andar a gusto por las líneas del paisaje de este libro, debería dar cuenta del perfume arraigado en la superficie de las emociones. El maestro Lubio Cardozo, en su profuso y hondo prólogo a este corpus, como él mismo lo llama, y refiriéndose al bello libro, Culpas de Juglar ( Mérida, 1996 ) dice: Macizamente hermoso en la valentía de revelar la verdad de un espíritu, espejo de una extremada y auténtica ventura de trovador, exigió a sí mismo una ódica rica en sus visiones, en sus intuiciones intelectuales, provenientes de una tajante concepción de la existencia cuya sabiduría, cuya kalosofía, escapa de la mera razón sensible y penetra el dominio de la surrealidad.
En Culpas de Juglar, vive y reina un poema que considero una de las más puras y altas creaciones de este bardo. Se trata de Lugar Común, texto en el cual se describe, fotográficamente, un ambiente o lugar físico donde crece la rosa del whisky, su naturaleza de amarillo como color irreductible de la melancolía. La transparencia o cristal de ginebras para el trasnocho, perdición y predicción.
LUGAR COMÚN
Hemos puesto los puntos sobre las íes.
La calle cae y al fondo, donde queda la miseria,
abundan letreros, cartas abandonadas
viejos burgueses enfermos de amor.
Hay un amarillo, un golpe de ginebra en los lugares
desleídos por el fastidio y la intimidad de las tormentas.
Hay un mesón donde bebemos y escribimos versos inútiles
a un amigo que pone puntos sobre las íes en invierno
y llega a veces hasta aquí
alto y enfermo como los poemas que pensamos
por si viene Dios.
Habitante signado por la robustez de la candela. La visibilidad de la franqueza en realidades de hombres que empuñan una desesperada punta de la tormenta y el amor. Lugar Común, poema - grito de personajes que cargan en sus hombros el pan duro de miserias membranosas y divinas como un golpe de ginebra. Llévanos hasta ese amigo alto y enfermo que se justifica en cada sorbo, en cada borrachera por si viene Dios. Lo espera con devoción e imprecaciones. Es a Él a quien pone los puntos sobre la íes en invierno, llenándose a sí mismo de improperios y burdas razones sueltas a los cuatro puntos cardinales de un festejo de sillas fracturadas, y arrumadas sobre la mesa de un bar.
Amo a Pepe Barroeta, su vida en esta Obra Poética 1971 - 1996, propalación de una historia ofensiva al sentido común de toda creación distante y distinta a planteamientos verdaderamente inéditos.
Celébrase entonces la crisis de su palabra prestidigitadora. Yo también, Pepe, en tu nombre, hablo solo bajo el misterio de la copa llena.