
Gustavo Pereira, (Punta de Piedra, Isla de Margarita, Venezuela, 1940). Poeta y crítico literario, abogado. Se Doctoró en Estudios Literarios en la Universidad de París. Fue fundador del Departamento de Humanidades y Ciencias Sociales y del Centro de Investigaciones Socio-Humanísticas de la Universidad de Oriente. Asume el compromiso social y político. Su poesía es de gran importancia para comprender el nuevo quehacer poético venezolano; de lenguaje directo, imaginativo y acusador. Es uno de los poetas venezolanos más importantes de su generación y de la historia literaria venezolana, latinoamericana. Formó parte del grupo “Símbolo” (1958). Fue director y fundador de la Revista Trópico Uno de Puerto La Cruz.
Ha publicado más de treinta títulos entre los cuales cabe mencionar: Preparativos del viaje (1964); En plena estación (1966); Hasta reventar (1966); El interior de las sombras (1968); Los cuatro horizontes del cielo (1970); Poesía de qué (1971). Libro de los Somaris (1974); Segundo libro de los somaris (1979); Vivir contra morir (1988); El peor de los oficios (1990); La fiesta sigue (1992); Escrito Salvaje (1993); Antología poética (1994); Historias del Paraíso (1999); Dama de niebla (1999); Oficio de partir (1999) y Costado indio (2001).
Recibió el Premio Joven Poesía de las Universidades Nacionales (1965). Premio Universidad del Zulia (1965 y 1966). Premio Latinoamericano de Poesía de la Revista Imagen (1970). Ha recibido el Premio Municipal de Poesía de Caracas (1987), Mención al Premio Internacional Pérez Bonalde de la Casa de la Poesía (1992), el Premio Fundarte de Poesía (1993), el Premio de la XII Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre (1997) y el Premio Nacional de Literatura (2001). Fue miembro de la Asamblea Nacional Constituyente y, actualmente, se desempeña como Director de la Revista Nacional de Cultura.
En la poesía venezolana de la segunda mitad del siglo XX, el nombre de Gustavo Pereira se hace imprescindible. En Oficio de partir —Premio de la XII Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre— consagra una vez más su persistencia en un oficio que tiene de conjuro, de solemnidad y de fiesta. Se advierte en Oficio de partir una suma celebratoria de la poesía anterior del poeta. El Somari, esa huella personal de la lírica de Pereira; el amor, la ironía, la lealtad a los otros, nutren un largo espacio de su obra. De igual forma el puntillismo literario que desgrana su cáustica brevedad, valiéndose de cierta contundencia verbal, permite acercarnos a lo más representativo de su poesía.
Juan Liscano sostiene: “... Pereira deja entrever su dualismo existencial, esa soledad creadora que se alimenta de mundos y de hombres también aniquilantes. Alimentarse de lo que nos mata. Así mismo la humanidad se come al planeta que lo sustenta. El signo real de la condición humana sin esperanza metafísica es la antropofagia. Pereira no declina su fe en la esperanza humana. Se trata efectivamente de creer en el misterio de la condición humana...”.
“Profunda autenticidad. Es un poeta para admirar y querer. Así he sentido intensamente en la lectura de sus libros. Entre las páginas están la ciudad donde reside, el mar, la gente, los olores, los ruidos, los fantasmas de la soledad, el demonio del cual se está librando, y esa imponderable proyección de sí mismo en la otra, y la otra casi imposible y sin embargo, real. Y el más allá, despoblado.”
Fuentes bibliográficas:
Diccionario General de la Literatura Venezolana. - Mérida: Editorial Venezolana: Universidad de Los Andes, Consejo de Fomento, Consejo de Publicaciones, 1987. 2 v.; 24 cm..
Diccionario de Historia de Venezuela. - Caracas: Fundación Polar, 1988. 3 v.; 26 cm.
Gustavo Pereira en La BitBlioteca
Luis Alberto Crespo
Al diablo los versos: diálogo com Gustavo Pereira
Floriano Martins
Gustavo Pereira (Venezuela, 1940). Poeta e crítico literário de grande prestígio em seu país. Fez parte do grupo Símbolo, tendo também fundado e dirigido a revista Tropico Uno. Teve sua obra reconhecida através dos prêmios Fundarte de Poesía (1993), XII Bienal Literaria José Antonio Ramos Sucre (1997) e o Prêmio Nacional de Literatura (2001). É autor de livros como El interior de las sombras (1968), El peor de los oficios (1990), e Costado indio (2001). A idéia deste nosso diálogo surgiu quando eu estive em Caracas, em março de 2004, e pude finalmente conhecê-lo. Revelam-se aqui, para o leitor atento, alguns aspectos da vanguarda venezuelana, da qual fez parte Gustavo Pereira. [FM]
FM – Tens uma poética essencialmente marcada pela presença de provérbios, aforismos, epigramas, poemas curtos, sem que isto implique em descontinuidade, ou seja, essa aparente fragmentação se escreve com uma larga compreensão de sua abrangência, uma consciência do mundo que está a tecer. Em que pensa a poesia quando é escrita por Gustavo Pereira?
GP – Un poema es como pieza en un gran damero, ola en el océano del vivir, parte de un todo en movimiento. Creo que fue Tristan Tzara quien dijo que la objetivación de la poesía debía buscarse en el terreno de la vida y por consiguiente toda conciencia del mundo, para un poeta, tal vez no sea sino pequeño destello en su incesante búsqueda en las profundidades para intentar hallar la claridad.
Las iluminaciones llamó Rimbaud uno de sus libros, y Goethe, desde el lecho mortuorio, al manifestar su angustia o aflicción por la confusión imperante en el mundo, pedía a sus deudos abrir los postigos de las ventanas para que entrase luz a la habitación en donde habría de expirar la mañana del 22 de marzo de 1832. Mehr licht!, más luz!, dicen que demandaba. Así todo poema parece dictado por un (vano?) intento de salida de un largo túnel, porque la poesía quizá sea también la afirmación de un rechazo (al absurdo, a los desequilibrios del orden social, a los sistemas de expresión establecidos y gastados, a los valores inmutables, a los cadalsos de la lógica, a la brutalidad, a la estupidez, a la imaginación encadenada).
FM – Goethe também dizia que eram os próprios poetas quem mais causavam dano à poesia (“¡Te diré que me carga ver tantos / como pulsan la lira y canturrean!”). Temos aí uma grande tensão entre esta constatação e a afirmação de Lautréamont de que “a poesia deve ser feita por todos”. E acrescentemos aí uma observação de Lezama Lima, no que diz respeito à “concepção do mundo como imagem” a que chegaram os poetas (“La imagen como um absoluto, la imagen que se sabe imagen, la imagen como la última de las historias posibles”), concepção que sofre atualmente um desgaste que vem de sua demasia ou de seu uso indevido. Como te moves dentro desse ardil?
GP - Estos asuntos (y estas discusiones) parecen ser, en poesía, eternos. Tal vez por eso convenga remitirnos una vez más a Horacio y a su célebre epístola (que la posteridad ha conocido como Arte poética) para constatar cómo desde hace dos milenios la misma angustia invade a los poetas. Antaño sorprendíase Horacio –y posteriormente también Goethe, y antes y después muchos otros- de que tanta estrofa pudiera ser perpetrada en el mundo en nombre del arte, y de que tanto rudimentario diletante, bajo el amparo o la confusión de no pocos lectores, hiciera versos y los llamara poesía. El texto de Horacio, anteponiéndose al de Lautréamont, pareciera contradecir la aseveración o más bien el deseo de éste, precisamente porque para aquél –y no dudo que también para Goethe y Lautréamont- la poesía era una forma de conocimiento, aunque no en el sentido que le otorgaron después los surrealistas. Scribende recte sapere est et principium, et fons (el principio y la fuente para escribir bien es tener conocimiento), decía el gran poeta de Venusia, empleando sapere como derivado o equivalente de sapientia (conocimiento, juicio, sensatez). “La sabiduría dictó en verso sus primeras enseñanzas”, añadía. Y puesto que atribuía al poeta una cualidad a la que no bastaba la inclinación natural (o “inspiración”), resulta obvio deducir que para él la poesía no podía ser hecha por todos. Recordemos que Lautréamont escribió “ la poesía debe…”, y no “la poesía puede…”. Tal sigue siendo la aspiración de todo poeta: compartir los dones de la poesía-acto creador como se comparte el aire que respiramos.
Otro asunto es el de la imagen como absoluto. Al igual que la razón, la poesía no podrá librarse nunca de la imagen. La poesía halla en la imagen el instrumento que le permite representar y armonizar las fuerzas y hasta los elementos contrarios del universo, concordar las antinomias. Pero las virtudes y limitaciones de la imagen eran y son también las limitaciones de la razón. En la medida en que las sociedades humanas se transforman mediante la conquista de conocimientos, valores y derechos –entre ellos los fueros de la imaginación y el ejercicio de la libertad- en esa medida se modifica, no la poesía, sino la concepción y la percepción que se tiene de ella. Cada cambio en el espectro social, en las relaciones de producción y en el mundo objetivo significan cambios del espíritu y, por supuesto, cambios en el mundo de la poesía, porque la poesía no existe fuera de la conciencia humana.
Creo sin embargo, con Sartre, que el problema central consiste en ver hasta qué punto la poesía puede salvar la distancia que la separa de la vida. El poeta, si no es un simple creador de soliloquios, debe insertarse en el gran drama humano, hoy más que nunca necesitado de conciencias sensibles para sobreponerse a la injusticia, a la violencia y a los poderes omnipresentes.
FM – “Todo empieza y termina en la eternidad / Pero la eternidad no sabe de nosotros // Sus pobres soñadores”. Este poema se chama “Somari de la eternidad”. Trata-se de uma clara defesa por uma escrita da brevidade, sim, mas por que recorrer a um termo japonês?
GP – Deduzco que el “término japonés” al que te refieres es la denominación “Somari” que, aunque lo parezca por fonética, no es palabra japonesa, se trata de un neologismo que vino a mí cuando me vi forzado a nombrar cierto poema corto entre los que en aquel momento corregía. Al comienzo a estos textos los llamaba poemitas, o simplemente poemas breves, pero tal me parecía una suerte de profanación. Así que decidí nombrarlos “somari”, y debí escoger esa denominación para diferenciarlos de otros de semejante preceptiva o concisión, puesto que el somari, a diferencia de la tanka o del haikú japonés, carece de métrica específica, no tiene intencionalidad precisa como el epigrama griego o romano ni estructura cerrada como el soneto itálico, sino que lo caracteriza, amén de la brevedad, su libertad formal, su poliantea y casi siempre su laconismo.
En uno de sus ensayos –que prefiero a sus versos- Ezra Pound hablaba de la poesía como arte de la concentración y explicaba cómo ciertas analogías idiomáticas sustentaban tal tesis (por ejemplo, el verbo alemán dichten, que quiere decir condensar, corresponde al sustantivo dichtung, que significa poesía). Aunque comparto esta observación, a la que por cierto el propio Pound fue infiel, en la historia de la poesía la brevedad no siempre fue una constante y el lenguaje poético no siempre expresión de concisión. En mi caso es casi un requerimiento indispensable, pues temo más a lo farragoso que al vacío.
FM – Jamais imaginei tratar-se de um neologismo, apressadamente considerando sua afinidade com a tradição japonesa. Bom, me parece que estabeleces uma relação indevida entre brevidade e concisão, isto porque nem sempre o poema breve é essencialmente conciso. Em poetas de grande fôlego – e aqui poderíamos recordar o cubano Lezama Lima – a concisão (no sentido de precisão) se processa em largos poemas. Este é um bom exemplo de poética densa, intensa, precisa e ao mesmo tempo extensa. Por vezes a brevidade vem mais da escassez de discurso do que propriamente de um domínio de linguagem ou inclinação para uma forma mais breve de expressão. Não crês? Claro que considero aqui a tradição lírica Venezuela que se vê fortemente representada no poema breve, como se pode verificar em Rafael Cadenas, Juan Calzadilla, Luis Alberto Crespo e Reynaldo Pérez Só.
GP - Tienes razón en cuanto a que la concisión revela ante todo economía de medios para expresarse con precisión o exactitud, mientras que la brevedad define la extensión o duración de algo. Digamos que lo breve puede implicar lo conciso, pero no necesariamente ocurre al revés. Como tú bien dices, un lenguaje conciso no tiene por qué ser breve, pero yo no podría afirmarlo específicamente en el caso de los somaris, pues sería un exceso de pedantería. Por eso, antes que el de “concisión”, que parece virtud, prefiero el término “brevedad”, que es simple sustantivo, al referirme a ellos.
FM - Leio em ensaio de Oscar Sambrano Urdaneta sobre Vicente Gerbasi que o autor mantém certa relutância em mencionar a influência do Surrealismo na obra dos poetas da geração de Viernes, dando a impressão de que foi muito mais forte a afinidade com o romantismo alemão, por exemplo. Poderias nos aclarar algo a este respeito?
GP – En varios de los poetas de la generación del grupo Viernes fue evidente la influencia del lenguaje surrealista. Recalco lenguaje porque como sabemos el surrealismo se propuso ir más allá. La actividad surrealista partía de una voluntad dialéctica de destrucción-creación que se ejerció en todos los aspectos de la vida, incluyendo la política. Probablemente los poetas de Viernes no compartieran las posturas iconoclastas, la escritura automática y acaso mucho menos el postulado central del movimiento surrealista de restituir el funcionamiento real del pensamiento (y la violación de la racionalidad que ello conllevaba), pero para mí resultan evidentes los aportes surrealistas a la poesía de integrantes de Viernes como Luis Fernando Álvarez, José Ramón Heredia y el propio Gerbasi en cuanto atañe a la ruptura de las limitaciones –expresivas y espirituales- que toda gran poesía emprende.
FM – Por sua vez, ao escrever sobre Trópico Uno, Ramon Ordaz observa que o grupo de poetas que se reunia em torno desta revista, embora tivesse bem claras suas propostas estéticas e ideológicas, encontrava-se “contaminado del absurdo dadaísta y del desplante surrealista que caracterizó a otros grupos de la época”. Insisto neste aspecto porque mesmo antes da aparição de um grupo como El Techo de la Ballena, já era visível a identificação com o Surrealismo em poetas como Gerbasi, José Lira Sosa, Juan Sánchez Peláez e tu, ou seja, poetas venezuelanos acompanharam o Surrealismo desde seus primeiros momentos. Em um ensaio sobre Peláez vemos Juan Liscano chamar a atenção para o fato de que neste poeta “la poesía no está al servicio de la tesis surrealista”. Ora, mas isto não acontece nem mesmo nos grandes poetas… surrealistas. Não se trata de filiação, mas de reconhecimento. Crês que na América Latina, de uma maneira geral, e na Venezuela, especificamente, havia certo temor em mencionar a identificação com o Surrealismo, por exemplo, porque tal menção poderia interferir nos delineamentos de uma poética própria, desatrelada de qualquer interferência européia?
GP – Es posible que allí estuviera la causa, tal cual señalas. Pero no hay que olvidar que en el siglo XX los movimientos de vanguardia europeos imantaron de modo considerable el quehacer literario en toda América Latina como otrora lo hicieran el neoclasicismo, el romanticismo, el parnasianismo, el simbolismo, el imaginismo y pare usted de contar. No pocas veces nuestra América sirvió como sombra, espejo, eco, cobijo o fruto contrahecho de forasteras revelaciones y doctrinas y esto no constituye nada nuevo en la historia de la humanidad que es una historia de influencias recíprocas. Lo que verdaderamente debe importarnos es si esas influencias traicionaron o no el propio ser, o por el contrario lo nutrieron. No se me escapa que desde México hasta Chile los jóvenes creadores que asumieron a plenitud los vientos renovadores que estos movimientos alentaban, optaron en ocasiones por cambiar de alma como se cambia de camisa, y renegaron de la suya. Diría Louis Aragon, “si la moda de una generación es afeitarse ¿qué quieren que haga la siguiente, sino dejarse crecer la barba?”. Tal vez en esa dirección entiendo la segunda connotación de tu pregunta. Y añado: no existe una poética original, ni siquiera en los pueblos silvestres, primitivos o indígenas. La originalidad me parece vana pretensión humana. Toda poesía es mestiza, así como cada palabra es gregaria, hija de un colectivo que, a su vez, se nutre de otros. Prefiero hablar de diferencia.
El surrealismo llegó hasta nosotros a galope con su bandera insurrecta. No olvidemos que en una de sus etapas formó parte del movimiento revolucionario, antes de que Breton decidiera convertirse en Papa e impusiera una suerte de catecismo trocado en cartilla o en pirueta que finalmente melló el espíritu original y subversivo del movimiento. Y no es que aquí existiera temor a proclamarse surrealista, sino que quienes lo eran lo asumieron, y quienes no, no. Creo que en el fondo, en el caso de algunos, privaba el hecho de no querer hacerse parte de otra logia. En otros casos, como tú bien asomas, y ese es el nuestro, no se trató de una filiación a sus postulados pero sí de un reconocimiento solidario a la presencia de un movimiento que representó a nuestros ojos la disidencia contra la formalidad academicista, la rebelión ante la servidumbre del poder, la denuncia de los antivalores establecidos, el desprecio a la mojigatería convencional y a la carrera literaria y, en suma, la lucha por alcanzar el verdadero reino de la libertad.
FM - Como surgiu Trópico Uno? Quais eram essas propostas estéticas e ideológicas referidas por Ramon Ordaz, sobretudo considerando um período bastante concorrido em termos de revistas literárias na Venezuela?
GP – Trópico Uno surgió del hecho fortuito de habernos encontrado un pequeño grupo de poetas y artistas plásticos en una ciudad del oriente venezolano, Puerto la Cruz, a comienzos de una década, la de los sesenta, signada por la rebelión contra el gobierno de un presidente lacayo del imperio. Era, si se quiere, una insurgencia juvenil hija de aquella particular circunstancia histórica, y se inscribía en la gran conflagración que en el plano del espíritu se libraba en el mundo contra los poderes imperiales y la hipocresía. Pese a nuestras afinidades políticas y estéticas, no constituimos un grupo literario, sólo nos propusimos editar una revista. No publicamos un manifiesto sino un antimanifiesto en el que declarábamos, entre otras cosas, que no había nada tan sospechoso en el terreno de la literatura como una revista literaria, tanto más si provinciana, y que no creíamos en la literatura aunque la perpetráramos, y que la revista no aparecía para renovar nada ni para llenar ningún vacío. Nos unía no sólo una propuesta artística sino un modo de estar en el mundo, una posición ante y en la vida. Creíamos con Tzara que nuestro compromiso de sujetos-poetas con los otros factores (objetos-sucesos) de la realidad, trascendía la disciplina moral y espiritual para convertirse en compromiso total con la vida y en plena identificación con la poesía. Quiere decir que para nosotros la poesía era una forma de conocimiento y no simple ejercicio de ociosos ni ingenioso placer de los sentidos ni regodeo de estetas.
FM – Se pensarmos no que afirmava um dos manifestos de Trópico Uno, acerca de “su furiosa intransigencia en favor de crear la atmósfera subversiva que, hoy por hoy, el hecho poético reclama en nuestro país”, como avaliar a cena poética na Venezuela neste início de um novo século? Penso por exemplo no que disse José Luis Sánchez Trincado (Siete poetas venezolanos, 1944): “después del surrealismo, iremos, acaso, a un nuevo clasicismo que, sin embargo, creo que será menos retórico que el clasicismo de la Ilustración y el del realismo y más lúcido”.
GP – Para mí el inicio de otro siglo no significa nada. El tiempo, como dijera Ramos Sucre, es un invento de los relojeros. Así que la poesía sigue allí, donde existe, representando lo que representa. No hay manera de eludir el destino, pues siempre se tropieza uno con otro destino. Aquella atmósfera subversiva que muchos de nosotros alentamos en aquel tiempo –y hasta hoy- iba más allá del hecho poético porque intuimos que la poesía no era trozo aislado de la vida, sino la vida misma de un ser humano en relación con otros seres y con el universo. Si algunos intentamos expresarla escribiéndola, convirtiéndola en poema, no significa que al hacerlo la hubiésemos suspendido de un gancho en el ropero para que se estuviera allí, tranquila y echada, colgando su tristeza. Parafraseando a Gramsci -quien sostenía que el arte no está hecho para servir sino que sirve porque es arte- podríamos decir que la poesía siempre ha sido subversiva, es subversiva per se. Y esta subversión tiene que ver con todos los órdenes de la vida, sobre todo el del espíritu.
Aquella consigna de Marx que los primeros surrealistas hicieron suya: cambiar la vida, transformar la sociedad, también nosotros la asumimos en presente, pasado y futuro. Ahora bien, cada quien (y en el cada quien subyace el cada poeta) es dueño de sus intenciones aunque los versos, una vez escritos, pertenezcan a otros. La atmósfera subversiva a la que aludes tenía blancos específicos y no creo que éstos de ahora hayan, en lo fundamental, cambiado. La injusticia en el mundo sigue allí. Pero la situación en mi país ya no es la misma, aquí los hechos se suceden de modo acelerado, el proceso bolivariano comienza a transformar la realidad en muchos aspectos y al menos para mí en uno esencial, hermoso y constatable: los seres invisibles se volvieron visibles. Por primera vez desde nuestra independencia de España la inmensa legión de desheredados, ese casi 80% de nuestra población otrora ignorados y excluidos por las clases dominantes como no fuera para escarnecerlos, parecen decididos a tomar las riendas de su destino, actúan políticamente, estudian, se organizan y sueñan sueños posibles que construyen cada día. Este solo acontecimiento basta, en mi caso, para avalar aquello que permitió que esto ocurriera, es decir, aquellas furias trajeron estos alborozos. Y tal vez –sólo me atrevo a decir tal vez- de esas presencias nazca otra poesía, menos apegada a la retórica, a la postración y al desencanto.
FM – Da cena poética à cena política, portanto. Embora seja um erro separá-las, como se faz no Brasil, por exemplo. Minha breve instância em teu país e o subseqüente acompanhamento do que vem se passando, nesse processo que tão bem sintetizas: o de visibilidade do que até então era invisível, tudo isto me coloca a teu lado em termos de boas expectativas, a ponto de te pedir que comentes um pouco mais acerca das responsabilidades envolvidas em tal processo. Com qual destino tropeçam hoje os poetas na Venezuela?
GP – Depende de los poetas. En este caso sólo puedo hablar por mí, y creo haberte adelantado mi parecer. Siempre me ha sorprendido el desconocimiento y la poca importancia que muchos poetas venezolanos otorgan a la historia, como si la poesía fuese un arte autárquico, desvinculado de la vida y específicamente del acontecer social, o como si ello fuese posible en un reino que como el de la palabra constituye expresión de la propia existencia, incluida la imaginación (sempiterna loca de la casa). Extrapolando un viejo aforismo que recuerdo de mis estudios de derecho, cabría recordar que la ignorancia de la historia no excusa de su cumplimiento.
Percibo por tu pregunta que lo mismo ocurre en Brasil y comparto contigo el criterio de que es un error separarlas, porque el trayecto de la poesía es el de la historia de la humanidad y porque la poesía nació con el primer deslumbramiento, con la primera angustia, con la primera melancolía humana.
Pero respondiendo a la raíz de tu pregunta, tú mismo, al visitar Venezuela, habrás podido ver cómo en nuestros grandes medios algunos escritores y poetas hablan de la dictadura o autocracia que hoy azota mi país, y adjetivan e infaman y acusan de hordas a las mayorías que apoyan al proceso bolivariano. No es que ellos no sepan qué es dictadura: algunos la han padecido, y otros tolerado. Como tú decías en fecha reciente, toda casta intelectual se organiza en el sentido de cooptación con el poder, aunque esta vez, agrego, tendríamos que precisar en dónde se halla el poder verdadero -no el de fachada-, lo que nos llevaría a un estadio de definiciones. Entiendo la disidencia como una actitud consustancial al poeta, y en lo personal me entristece el patético destino de los poetas-bisagra, expertos en ditirambos, genuflexiones y reverencias. Pero es necesario precisar sobre qué se disiente, ante quién o quiénes y en nombre de qué o quiénes. Sucede que en mi país algunos “disidentes”, cuyos goznes y charnelas aún resuenan en los espacios y oficinas de los verdaderos poderes y cuyas voces enmudecieron cuando aquí y en Latinoamérica se cometían los peores crímenes, ahora súbitamente han despertado y vociferan. Yo celebro este despertar, porque entre la indiferencia y el egotismo, entre la disonancia y la vanidad, entre la pantomima y la patraña, entre el sainete y la intolerancia, la disidencia –aun la menos desinteresada- puede parecer una herejía, y toda herejía es revolucionaria, si es verdadera.
FM – Ainda dirias hoje: “al diablo los versos”?
GP - Todavía, pero no me atrevería a decir “al diablo la poesía”. La poesía nace como salvoconducto de lo humano ante sí mismo. Su Tung-Po, llamado Su Chi, quien viviera en la China imperial del siglo XI, escribió que la poesía era la única recompensa del poeta. Y Luis Cardoza y Aragón, el gran guatemalteco tan olvidado, decía que ella era la mejor prueba concreta de la existencia humana.
http://www.revista.agulha.nom.br/ag42pereira.htm