Poesía, Sociedad Anónima
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TAN MANSA Y FEROZ

Poemario
 
EN LA SELVA


EN la selva tienes el corazón
en la ciudad la frente
y entre ellas tu amada resplandece
con la ingravidez de los sentimientos

Dulce es su melodía y entrañable su mirada
pero para acceder a ella sólo la miel no basta
hay que conjugar sentidos
recomponer crucigramas
y tender una liana entre la torre y la montaña

Reyes y bufones que del Gran Teatro presumían
intentaron seducirla con joyas, títulos, haciendas,
hechicerías...
y aún vagan buscándola por caminos sin llegada cuando
ya apenas recuerdan aquel día en que vislumbraron
su cuerpo desnudo
con vida propia
tras los cañaverales.




AL AMANECER


AL amanecer
necesitas vivir...
Juncos entre los sueños
Pelícanos impotentes entre el alquitrán...
Te levantas rompiendo la noche
Caballos salvajes relinchan al amanecer
Te crujen los huesos
Las veletas pinchan el viento
Mentiras acurrucadas en los templos y
el hombre ciego, siempre ciego y
el amor tenso entre los tejados
sin que nadie le haga caso.
Tu madre murió por falta de aire
cuando la trajeron a la ciudad.
Está lloviendo, es de noche
y eres la burla durmiendo en el metro
al calor de las ratas.
Te has acostumbrado a mirar
entre las grietas de la hiel
y pasas las horas observando las palomas
petrificado
sin mover las pupilas
sin energía para recorrer un paso entre la memoria.
Y ahí están
el circo, la fiesta, los títulos, los banquetes...
ahí están las ciudades y los engranajes
retumbando en el asfalto
al amanecer.





LA VÍA LÁCTEA



LA Vía Láctea tiene
ojos de chimpancé.
El hombre lleva su piel calcinada
en el oleoducto de las miserias
-pétalos de rosa desperdigados
despechos de madres-.
El silbido de algún pájaro roto
en la eternidad del cañón.





NO NOS MIRÉIS



NO nos miréis si no hay tierra.
El hambre de la vida está en vuestros cuerpos
en vuestra piel mortecina bajo la moda de los gobiernos.
Ojos reventados en los raíles de la cordura.
Niños apaleados entre la soledad de las lamentaciones.
Seres carcomidos por el cemento y las cerraduras.
Barrigones del humo en los ascensores de la civilización.

Tenderéis el miedo de las palabras y
no vendremos cuando no estéis.

Saltaremos en pedazos como un transformador sobrecargado
en los pilares de la razón.

No vendremos cuando no estéis...
No nos miréis si no hay tierra.
Germinaremos en las entrañas de los labios
bocas de fresa
lenguas del viento en las charcas.
El semen de las selvas florece en los huesos
rocío de planetas en la existencia.
Movimiento de cuerpos sin manicomios.

Hay muchas verdades rotas en la mente.
No nos pidáis años, ni presencia, ni añoranzas.
Ni cuerpo, ni ojos, ni tierra, ni espacio tenemos.

Encontraremos los músculos en el desierto y
andaremos con los intestinos a secas
en las grietas del polen
no nos miréis si no hay tierra.





ESTE VIAJE



ESTE viaje que parece que no tendrá fin...
Sales muy temprano por la mañana y...
no recuerdas de dónde
ni dónde estás ni quien eres
ni porqué estás en esta carretera sin sentidos.

Empieza a amanecer
campos casas horizonte y
miedo a lo desconocido...
al abismo de la realidad, de la desesperanza...

La angustia de la huída se agazapa
necesaria
entre toboganes de sangre que se alejan en escapadas
por el Universo. Están ahí, ellos
están allí...
Hacen lo normal pero
no ven
ni escuchan ni llaman ni buscan...

Sales muy temprano
por la mañana.
Estás en esta carretera sin sentidos.
Sabes que te echaron o que te fuiste.
Aunque no ven
ni escuchan, ni llaman, ni buscan...
están allí tranquilos y... hacen
lo normal...




NO HAY LUZ NI NOCHES


NO hay luz ni noches
ni chiquillos que corran
por las terrazas de nuestros párpados.
No hay labios ni colores
ni fuentes siquiera bajo el cielo de nuestros cráneos
ni perros auxiliados en el asfalto
ni grillos cerebrales que despeinen nuestros tímpanos.
No hay sangre, ni arena siquiera entre nuestras venas.
Sólo caños de uranio que bañan nuestros tabernáculos
bajo el sol, lejos del sol
muy lejos del sol...
Y en las esquinas
-cuco del amor-
baña el viento el cementerio
nuestro cementerio de ojos equivocados.




QUÉ LARGO ES EL TIEMPO


QUÉ largo es el tiempo
en un palmo universal,
qué terreno tan ancho y tan lejano...
pero... qué cercano,
todos lo saben
menos nosotros que
estando en él
le miramos con los prismáticos
desde el hospital de espejos en
donde resuenan las cadenas
del enclave ciudadano.

Qué largo es el tiempo
cuando se está encadenado a una noria de tabiques
cuando se pasa la vida poniendo un ladrillo y otro...
cuando se es verdugo de todos y todos de uno.

Qué largas son las cadenas
que aún para los últimos días de la vejez quedan
eslabones de mármol y
sudor de barniz
para el maquillaje féretro
de las acacias ultrajadas.

Qué larga es la palabra afilada del hombre
que corta los tallos naturales
antes de que nazcan
para trasplantarlos en el artificio masoquista
de su distrito existencial.

Qué larga es la novela,
un capítulo que va, otro que viene...
como una vagoneta,
pero... ¿cuándo,
cuándo se van a desgastar los raíles,
hasta cuándo la estupidez de la metralla y el uranio,
hasta cuándo la tiranía de los ejércitos y gobiernos?.




EL NIÑO ESTÁ SOBRE EL PRECIPICIO


EL niño está sobre el precipicio
La madre tiene mostaza en los ojos
El padre está abrillantando sus zapatos
La tierra ahogada en el cemento
Cargada de motores explosionando
En el aire revuelto con la sangre y el veneno de la estirpe
Se rompe el equilibrio de los músculos
Y los tiernos sesos del amor
Aúllan de rabia en los ojos claros
Y gritan huecos en la sordera de la civilización.




ARDE LA TIERRA


ARDE la tierra
La vida se hunde náufraga entre el cemento,
aplastada en las basuras
y la espuma -podredumbre en el agua rota-.
El borboteo de la sangre moribunda
-mancha mortal de desperdicios-.
La vida se esfuma, tétrica náusea
entre las burbujas, donde el aire se quema
y cae hecho tiras de espanto.
Lastimero terror
de gritos que se multiplican
más allá de los espacios.
Y un miedo infinito
recorre los capilares.
Montones de piedras
chasquidos de sangre
en la sala
purulentos ojos que hincan sus destellos
en el abismo de nuestra locura de cianuro.




GRUPOS DE GENTE


GRUPOS de gente corriendo en el circo
Adolescentes entre jardines de plástico
Jugando con la respiración
Pulmones de la infancia destrozada
Perros y mulos malheridos en las carreteras
En monstruosos accidentes de humanos
Accionando las bombas de la desdicha
Chatarra en nuestros cerebros
Los dioses del poder
La mecánica del dolor
El veneno de la civilización
Machacando la vida
Hilos de sangre en las estrellas
Verdugos insaciables
Sádicos bulos
Ametrallando
Lágrimas de cartón.




HAY QUE ROMPER LAS JAULAS


HAY que romper las jaulas.
El pájaro se muere de terror,
acurrucado entre las plumas
no tiene espacio ni para cerrar los ojos
-pequeño estallido de sangre entre las ventanas-
con el vuelo tan cortado.
Aspavientos de carne
en la monstruosa prisión.
Algodón de peluche agarrotado
entre estornudos de bilis
transmutando la amalgama de los sentidos machacados.
Relámpagos sobre los cráneos
-chillidos de auxilio entre las galaxias-.





AVANZANDO POR LAS CALLES



AVANZANDO por la calles,
sorteando la gente en el laberinto de la avenidas
llevas el boquete de una herida en la frente.

Los edificios se alzan como cementerios escoltados.
La gente pasea serena
cual monstruos pacíficos en el infierno de obuses que
transportan
montones de ojos.

La gente se mueve matemáticamente
cual figurines de tiovivo entre sirenas y semáforos.
La normalidad de sus mentes mortecinas
les guía como a robots entre las miradas híbridas.
Sus sombreros, sus botones, sus guantes, sus zapatos...
están fabricados en serie, como sus cerebros
y se asemejan a un mundo de muñecos
programados en la existencia mecánica de la civilización.

Avanzando por las calles
naciste en un mundo sin vida
repleto de esquinas y traiciones
y llevas la tumba de tu cuerpo
en el boquete de una herida en la frente.




ALGÚN DÍA


ALGÚN día, mezcla de estaciones
en donde los años abrazan el cuerpo
saltarán las ranas de entre el moho de tus mejillas.
Las ranas también tienen ojos
y se estremecen sobre las piedras.
Estallan melancólicas de existencia y flores
y se afirman en el día
potentes como meteoros.
Saltan como guisantes
sobre las sofisticadas culturas
y se ablandan bajo las estrellas
columpiándose con sus gargantas espaciales
entre el eco de las montañas.




TU SOMBRA SERÁ UN ROSAL SIN FLORES


TU sombra será un rosal sin flores
que florecerá en las raíces.
Tu vientre sondeará bifurcaciones de universos
que vibrarán entre sus ojos.
Te irás pidiendo sus labios
entre los continentes sin vida
sufrirás la más terrible añoranza
surcando los caminos que se juntan
en el punto de la existencia que se balancea
y se desvanece melancólica
entre el tic tac de la desesperanza.




ERES UN NIÑO DE PELUCHE


ERES un niño de peluche con control remoto
un tronco vegetal de museo con un ojo de acero
que pronuncia dos frases diarias en la muchedumbre
para hablar sobre un altavoz roto.

Que proyecta un hilo de pólvora
fulminando gritos de terror en la sala.
Eres tu nombre con una cabeza que surge de la nada
como la vuestra
a pesar de los griteríos que
no significan nada
cuando la sed del agua clara
desgarra las gargantas.

Que visiona todas sus moléculas
a la luz del canto de un grillo
después de caer semiinconsciente entre ráfagas de códigos.
Eres un ser maniatado con una fisonomía familiar
que se emborracha de miedo
ante la estrategia carcelaria de cualquier gobierno
y su política de confabulaciones monetarias.

Eres un deshidratado de vida,
tu cuerpo presenta unos huesos metálicos
oxidados por el roce social
que sólo sirven para tiznar el mar juguetón
del universo perdido.





ENTRE LOS CUERPOS LEJANOS


ENTRE los cuerpos lejanos
el cobijo de las esquinas
se hace imprescindible

las hojas revolotean como palomas malheridas
rebotando entre los rascacielos
sus siluetas desfiguradas

los quicios -trincheras-
juguetes sin manos
que se rompen en los ojos
como un mar oxidado

olas que se desmoronan y se hacen polvo
entre el yeso de las mentes.




TE HUNDES


TE hundes
siempre te hundes
y un día te hundirás tanto
que traspasarás la Tierra
y levantarás una choza,
una choza hundida
en el centro del Universo que se hunde
y se hunde hasta encontrarte.





EL SILENCIO ES LA COMUNICACIÓN UNIVERSAL



EL silencio es la comunicación universal
Tu garganta gimotea como un gato en celo sin memoria
El sueño te dejó blando en la oscuridad
Un dios pagano maúlla en la noche sin tímpanos
Te tumbaste en los raíles
El tren de la razón pasó por encima destrozándote
Cuarenta vagones repletos de diccionarios chirriaron en tu cráneo
Tu sangre será absorbida por las raíces de la procreación.





SIEMPRE TE ESPERO...


SIEMPRE te espero...
y cuando llegas te vas
y sigo esperándote.
No me atrevo a encerrarme ni a irme ni a quedarme
siempre miro entre las esquinas
remuevo las sombras, te busco
trato de presentiste
canturreando, silbando, girando sobre mis pasos...
Pero tú, nunca estás...
La nieve place entre las tumbas de los conocidos
y le pregunto a las hormigas y a los búhos
-adolescencias de todas las razas-
llorando la tierra desconocida.
Gritos muertos de flores
entre el tiempo remoto del amor.




NO ESTÁS SENTADO A LA DIESTRA DEL PADRE


NO estás sentado a la diestra del Padre
Dios no está a tu lado
pero el equilibrio de las estrellas
se entreteje impasible
sobre las luces de las ciudades

Del río saltan luciérnagas
que alumbran tus noches vacías.
¿Cuál será tu sueño ahora
cuál la próxima meta?

Los dioses y lo mendigos tienen la respuesta

Por fin cumpliste el castigo
los brazos en cruz bajo los tomos
que caen como cometas
iluminando el camino.
¿Cuál será tu sueño ahora
cuál tu próxima meta?

Los faraones y los crisantemos tienen la respuesta

La ciencia es una leona
tan mansa y feroz como tu silueta.
Para armonizar sus movimientos
has de reciclar el agua
y reconducir los cauces
para que todos beban.





CUANDO POR LA MAÑANA TEMPRANO



CUANDO por la mañana temprano
mis pasos soñolientos se desperdigaban
entre los baldosines del parque.
Tú eras la infancia aquella hacia donde iba.

Cuando estabas allí en la casa
recomponiendo la noche de los jeroglíficos que nos separaban.
Tú eras la infancia aquella hacia donde iba.

Cuando el espeso anochecer era un pájaro de gelatina
y mis pasos perdidos eran cometas que no te encontraban.
Tú eras la infancia aquella hacia donde iba.

Cuando de los colegios corrían los chaveas
y esparcían sus relinchos de estaciones
sobre el nácar implacable de las ciudades.
Tú eras la infancia aquella hacia donde iba.

Cuando Allende agonizaba
cantando sobre el mármol de los cráneos.
Tú eras la infancia aquella hacia donde iba.

Cuando el grillo de los sarcófagos
chirriaba cantinelas del Kerouac de azúcar
entre los jazz estremecidos.
Tú eras la infancia aquella hacia donde iba.

Cuando los dioses estaban en las universidades
los demonios bailaban en los Vietnams
y los indios yacían en el horizonte.
Tú eras la infancia aquella hacia donde iba.

Cuando el amor era el resplandor de las metralletas
y los hombres rociaban dinamita
sobre el vientre de las mujeres.
Tú eras la infancia aquella hacia donde iba.

Cuando los terremotos inyectaron su batidora sobre los cerebros
y los alacranes escupieron sus planetas
sobre el cemento de nuestros ojos.
Tú eras la infancia aquella hacia donde iba.




OJALÁ QUE NO ME VEAS

Ojalá que la aurora
no dé gritos que caigan en
mi espalda
...para no verte tanto
para no verte siempre
en todos los segundos
en todas las visiones.”

__ Silvio Rodríguez.__





OJALÁ que no me veas,
que me busques y no me encuentres
en esta vida o en otras,
aunque sólo sea por un minuto.
Ojalá que te zumben en los oídos
mis pasos desesperados
como gotas de lluvia
y esqueletos de nieve,
aunque sólo sea por una noche.
Ojalá que mis lágrimas te llenen de vida
y que los brujos del mundo
no rompan el tiempo.
Ojalá que los niños no se congelen en las calles
y que el amanecer del desierto se llene de ti.
Ojalá que tu calor rompa los nimbos
y la razón se haga guardiana de tu felicidad.
Ojalá que el mundo
no se quiebre entre nuestros brazos.
Ojalá por lo menos
que el amor nos encuentre juntos a todos
en su nuevo camino
de niños y flores.




PARA ANDAR CONTENTOS CONTIGO


PARA andar contentos contigo
y aprender tu canción
nos darás la vida con tus labios
y nos harás hatillo con tus manos.
Para ir al mundo
con tus ojos y tus brazos
nos cantarás nana y nos presentarás a toda esa gente
que vive y que vive y que vive...
Y nos enseñarás el mundo y lo que allí se hace.
Para andar contentos contigo
y aprender tu canción
nos harás hatillo con tus manos
y nos darás la vida con tus labios.






ARAÑA SOY QUE EL VIENTO


ARAÑA soy que el viento
está en mi casa
para que mis ojos cuarenta
mil luceros que te miren
desde los tejados
pasar por las calles.






QUIERO ALCANZARTE


QUIERO alcanzarte y
en la cara oculta de la Luna siempre
te presiento

Camino cual tortuga
dando vueltas y buscando
cierta humedad que me acerque a tus besos

Quiero alcanzarte y
entre el musgo del tiempo siempre
te presiento

Hay paisajes difíciles
en donde los alacranes mecánicos
escupen el tufo de las chimeneas
y en donde los chaveas orinan y se desinflan
como globos de tinta

Quiero alcanzarte y
en la cara oculta de la Luna siempre
te presiento

El señor de la mandíbula de estaño
maneja cálculos que carbonizan las cuevas
y taladra hoyos, miles de hoyos sin semilla
en donde va dejando los ojos
hasta quedar completamente ciego

Quiero alcanzarte y
entre el musgo del tiempo siempre
te presiento.





SI TÚ VINIERAS VERÍAS


SI tú vinieras verías
que estoy esperándote.

Ayer subí a la colina
volé entre las cometas de los niños
miré entre los ojos de los gorriones
salté las tapias de tu patio y te esperé
bajo esa noche de estrellas en la que encontramos
el sueño.

Por el río que nos separa
navegan unos submarinos atómicos que
enturbian la sangre y
siembran de miedo los corazones.
Pero arriba, en la colina hay arroyos
de agua clara
y un botijo de estrellas
del que todos beben.

Hace tiempo que estoy esperándote y
cuando despierto todavía
noto tu aliento.

Mientras la locomotora compite con el ciempiés
el ciprés escala cielos desconocidos
y los niños juegan sobre la misma hierba.

Recuerdo cuando nos perdíamos en las calles y
cuando reiniciábamos los caminos
el ascensor del viento nos elevaba
hacia la misma colina.

Si tú vinieras...

 

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Autor: Fernando Bellido Pelegrina