|
Regreso
Regreso
A Javier Luzardo, venido del exilio.
¡Oh altísimo camarada!, indecible heraldo de mis más mendigos afectos!. ¡Oh compañero de estrépito y carcajada, en tí los cánticos y las formas fugaces de ayer hicieron una torre magnífica de tolerancia y entrega!.
Tu pobre alma exiliada que otrora amaba la mía de loco espléndido, que otrora, trovadoresca, se elevaba más arriba del polvo y la angustia en las ruinas infinitas de aquél pacto de entrañas que hubimos de amar!.
Arrugada y brillante, abatida de todo cuanto a un hombre severo puede gritar y ser, besar y dañar, morder y escupir; regresa ahora a la casa de siempre, al hogar de los hombres, ¡ceñida desde hoy a la sombra de los mil todavías!.
¡Ay tu voz gótica y dolorosa me clava en los ojos aquél llanto miserable!. Y no soy yo, ¡oh hermano de tierra!, quien puede cantarte aún los anchos afectos, hoy desempolvados, de cuanto te he tocado y sufrido.
Tú intangible, tú estremecido de vergüenzas como agujas, de abandonos como cuchillas, de una soledad universal y nadas raquíticas en negros derredores.
Vienes, camarada, vienes gigante y diminuto, huérfano y ensimismado. Acentuado y taciturno, sílaba de sangre.
Vienes a la hora fecunda del castigo, mancillado de vida, colmado de espanto.
Pero yo que te amo, pero yo que te siento tan mío y fabuloso que en tus venas he escrito tantos y tan perfectos arrebatos;
¡te recibo de nuevo, hermano!, te atajo como una cría al borde del suicidio, y henchido de orgullo por tus obras soberbias, por tu rostro sólido e innombrable de tenaces deshoras;
beso tu boca de pipa y gemido, y alzándote por encima de ti mismo, por encima de cuanto te hace y descalifica, para que todos te sepan, ¡quiero gritar tu nombre hasta desmayar de añoranza, y podamos entonces ser de nuevo!.
http://www.geocities.com/horacioplaza/page4
Autor: Horacio Plaza

|